En 1972, año en que Marlene se presentó a la grabación para Televisión del famoso concierto que durante años le había proporcionado tantos y tantos éxitos a lo largo del mundo, lo hizo envuelta con el característico traje color carne que como una fina tela de araña parecía insinuar más que esconder las redondeces de un cuerpo que no parecía corresponder al de una mujer de 71 años. No podía ser de otra manera: La ilusión de la fulgurante estrella que había conquistado la pantalla durante cuarenta años, siempre joven, siempre eterna, tenía que manifestarse ante su público. Era lo que querían ver. Deseaban a la Marlene creada por la fantasía de su descubridor y pigmalión Josef Von Sternberg y, después , continuada por ella misma aunque para ello tuviera que recurrir a los mas astutos trucos de iluminación, maquillaje y corsetería.