
En 1961, la modelo de publicidad Tippi Hedren se había mudado de New York a California por dos motivos: Un lugar mas tranquilo para la educación de su hija y prosperar en su profesión en un momento en el que su propio agente dudaba de un esperanzador futuro para ella. No era de extrañar, había cumplido ya los treinta años y los trabajos empezaban a escasear. Todos los días, montones de chicas monas competían por un hueco en la profesión.