En 1961, la modelo de publicidad Tippi Hedren se había mudado de New York a California por dos motivos: Un lugar mas tranquilo para la educación de su hija y prosperar en su profesión en un momento en el que su propio agente dudaba de un esperanzador futuro para ella. No era de extrañar, había cumplido ya los treinta años y los trabajos empezaban a escasear. Todos los días, montones de chicas monas competían por un hueco en la profesión.
Casi todo el mundo en algún momento de su vida puede verse sorprendido por un golpe de suerte que le da el impulso que necesita. A Kim Novak la fortuna se la proporcionó otra actriz, Vera Miles, quien tuvo la desagradable idea, a ojos de Alfred Hitchcock, de quedarse embarazada poco antes del rodaje de la película " Vértigo " (1958) y que el Director, que la había contratado en exclusiva en uno de sus intentos de reinventar a su querida Grace Kelly, consideraba sería el punto de inflexión de su irregular carrera. Por este motivo siempre la consideró como una desagradecida aun , cuando unos años más tarde, hizo ver que la perdonaba otorgándole el papel de la hermana de Janet Leigh en otro de sus éxitos : " Psicosis " (1961) . Así que la Srta. Miles abandonó el proyecto y los estudios corrieron a sustituirla con otra rubia que había causado sensación pocos años antes con la película "Picnic"( 1955 ) y que por aquel tiempo era considerada como la mezcla perfecta entre la Monroe y Rita Hayworth.
Esta casa está de luto. ¿No se han dado cuenta?. No, no lo parece.
El Señor ha llegado con la nueva Señora De Winter. Pobre ilusa, con esa cara de institutriz, torpe y desgarbada.
La "Señora" intentando darme instrucciones. ¿Siempre tiene que mirarme con esos ojos asustados?
Al conocerme le temblaban tanto las manos que dejó caer sus guantes. Me da lástima. Aquí ni siquiera conocemos su nombre. No nos interesa. Bastante tenemos con intentar que todo esté como le gustaba a Rebecca, la auténtica Sra. De Winter.
Sacha Gervasi, director del documental "Anvil: el sueño de una banda de rock" es el encargado de llevar a la pantalla un film de ficción basado en hechos reales sobre la filmación del clásico del terror dirigido en 1960 por Alfred Hitchcock. La cinta se basará en el libro de Stephen Rebello "Alfred Hitchcock and the making of Psycho" según guión de John MacLaughlin. Según las últimas noticias el rodaje comenzó el pasado 13 de Abril.
Desde que conocí la frase que un día pronunció François Truffaut: " Hitchcock rodaba las escenas de amor como si fueran asesinatos y los asesinatos como si fueran escenas de amor " esta siempre regresa a mi cabeza cuando vuelvo a ver, otra vez, dos de los besos mas recordados del director británico.
En "Encadenados"(Notorius 1946) Ingrid Bergman y Gary Grant se comen a pequeños besitos que fué la forma que tuvo el director de pasarse por el forro el Código Hays que por entonces regulaba algunos aspectos de las producciones cinematográficas y que no permitía besos demasiado pronunciados. Así la escena pudo ser alargada siguiendo en primer plano a la pareja protagonista reflejando, sobre todo en las actitudes que emplea esa maravillosa actriz que fue Ingrid: esa cara embelesada, esas sonrisas, la forma que tiene de agarrarle la oreja, ese amor recién nacido donde todo son mimos y el no querer separarse el uno del otro. "Nuestro amor es bastante extraño porque a lo mejor tu a mi no me quieres" le dice ella y el responde "los actos importan mas que las palabras" y lo dice con esa aparente frialdad con la que en la siguiente escena permitirá que su amada se case con un hombre de la edad de su padre es decir, que se acueste con el, a fin de conseguir información importante. Realmente los actos importan mas que las palabras porque ¿Puede un hombre enamorado permitir que su supuesta amada se acueste con otro hombre sea cual sea la causa? Y es que Hitchcock tenía muy mala baba cuando quería y aquí el pobre personaje de Ingrid tuvo que soportarla
El segundo beso, es poco mas que fascinante: En "Vertigo"(1958) obra maestra del director, la escena de Kim Novak, nunca, nunca tan hermosa, saliendo del baño y acercandose a un ansioso James Stewart que por fín contempla la reencarnación de la mujer perdida, reconstruida y modelada por él en la figura de una vulgar jovencita es ejemplo del buen gusto. Acompañada de la perturbadora música que para la película compuso Bernard Herrmann no puede dejar nunca indiferente a un amante del séptimo arte.